Portada de Cannes, tres veces inventada: monjes, un lord y un festival

Cannes

Cannes, tres veces inventada: monjes, un lord y un festival

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Sobre este recorrido

Cannes se ha inventado tres veces, y nunca a propósito. Durante siete siglos y medio fue propiedad de unos monjes que la gobernaban desde una isla; en mil ochocientos treinta y cuatro un lord escocés, detenido por un cordón sanitario contra el cólera, se quedó y la puso de moda; y en mil novecientos treinta y nueve un festival de cine concebido contra la Venecia de Mussolini murió el mismo día en que iba a abrir. Este paseo de dos kilómetros sube desde el Palais, al que la ciudad llama el Búnker, hasta la torre del Suquet, del siglo once: la noche de Napoleón en las dunas, la calle mayor del viejo pueblo, un mercado de hormigón disfrazado de pueblo provenzal, las barcas de pescadores y una iglesia pagada en parte con barriles de anchoas. Arriba, las tres Cannes caben en una sola mirada. Termina sentado a la mesa de una casa de marisco de 1953, con una sopa de pescado y un rosado de Provenza.

Paradas del recorrido

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    El Palais des Festivals

    El casino municipal que ocupaba este solar se derribó en julio de 1979; el Palais actual, obra del londinense Hubert Bennett y el arquitecto de Biot François Druet, se levanta sobre ese solar y sobre un terreno ganado al mar. Abrió el 15 de diciembre de 1982 y el festival subió esta escalinata por primera vez en 1983. Mire el edificio: gris, horizontal, macizo, con mucho más muro que ventana; periodistas y festivaleros lo apodaron el Búnker en cuanto se inauguró. Aquí mismo, del 1 al 20 de septiembre de 1939, debía celebrarse el primer Festival de Cannes, pensado como respuesta a la Mostra de Venecia del fascismo. Solo llegó a proyectarse una película, en pase privado la víspera: Quasimodo, el jorobado de Notre-Dame, de William Dieterle, la primera cinta americana a concurso. Al día siguiente Alemania invadió Polonia. El festival volvió en 1946, con unos veinte países, y estrenó su primera casa propia, el Palais Croisette, en 1949: lo inauguró el alcalde Charles Antoni, y François Mitterrand, entonces joven representante del Gobierno, solo pronunció un discurso. Explanada y escalinata de acceso libre. El interior del Palais solo se visita con acreditación de eventos o festival. Del 27 de septiembre al 1 de octubre de 2026 el Palais acoge un gran congreso profesional (TFWA): es normal ver más señalización, vallas y seguridad en la explanada.

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    Notre-Dame-de-Bon-Voyage

    La iglesia que ve, neorrománica, se empezó en 1868 y se consagró el 2 de noviembre de 1879; nada de esto lo vio Napoleón, que en 1815 solo encontró una capilla humilde entre dunas, con nombres cambiantes -de las Arenas, de la Orilla del Mar, del Buen Puerto- antes de fijarse en el actual. En el muro exterior norte hay una placa, colocada el 1 de julio de 1932, que recuerda el vivac de la noche del 1 al 2 de marzo de 1815, cuando Napoleón desembarcó en Golfe-Juan con algo más de mil hombres y el alcalde de Cannes le negó la entrada al pueblo, aunque le envió víveres. El general Cambronne requisó los caballos de la posta con el pretexto de tener soldados enfermos. La flor de lis que hoy figura en el escudo de la ciudad se atribuye, por tradición recogida por la asociación de la Ruta Napoleón, a un premio de la monarquía restaurada; los archivos municipales no lo confirman. Iglesia con visitas fuera de los oficios; consulte horarios en la puerta. La placa del vivac está en el muro exterior norte.

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    Cannolive, la tienda de los monjes

    La tienda abrió en 1880 con el nombre de Aux huiles d'olive de Cabris, fundada por el matrimonio Paul y Marie Raynaud; en 1955 pasó a llamarse Cannolive, y hoy la lleva la cuarta generación de la familia. En el escaparate y en los estantes puede encontrar los vinos de la abadía de Lérins y el licor Lérina, en sus dos colores, verde y amarillo, que los monjes de la isla elaboran desde 1897. La receta no nació con los primeros monjes de la isla: la comunidad que repobló Lérins en 1869 llegó desde otra abadía cisterciense, la de Sénanque, en el interior de Provenza, y no inventó el licor hasta casi treinta años después de instalarse. El nombre actual, Cannolive, junta en una sola palabra Cannes y oliva; es de 1955, setenta y cinco años más joven que la tienda misma, que sigue en manos de la misma familia. Horarios de apertura variables; consulte antes de ir. Si compra una botella pequeña, guárdela para la noche, no para la mesa.

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    La estatua de Lord Brougham

    Henry Brougham, escocés nacido en Edimburgo, era barón británico de Brougham y Vaux -título de la nobleza del Reino Unido, con sede en Westmorland, Inglaterra- y fue lord canciller de 1830 a 1834, además de abolicionista en el Parlamento. En diciembre de 1834 viajaba hacia Italia con su hija Eleanor Louisa, enferma de tuberculosis, cuando un cordón sanitario por cólera en el río Var les obligó a volver; se quedó y compró tierra al oeste del Suquet. La primera piedra de su villa, obra del arquitecto Louis Larras, se puso el 10 de agosto de 1835; la llamó Villa Éléonore-Louise por su hija, que murió el 30 de noviembre de 1839, con diecisiete años. La estatua que tiene delante, de Paul Liénard, se inauguró en 1879 (el pedestal, en 1878); fue destruida en 1941, sin causa registrada, y el escultor Trivero la recreó idéntica en 1953. La fuente es de 1984. Hasta 1884 estos Allées albergaron el mercado cubierto de madera de la ciudad. Acceso libre, junto a los plátanos de los Allées de la Liberté. La estatua actual, de piedra blanca, es una copia de 1953, no la pieza original. Los domingos por la mañana suele haber puestos de artesanía y, mientras duran las obras de Forville, la carpa del mercado: la estatua queda en la cabecera del paseo.

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    Rue Meynadier

    El trazado de esta calle es del siglo dieciséis, cuando se abrió como la Grand-Rue, el camino hacia Antibes; se ensanchó hacia 1880, cuando llegaron las primeras tiendas. El nombre ha cambiado dos veces en el siglo veinte: rue Grande desde el 1 de diciembre de 1933, y rue Meynadier, el actual, desde el 22 de marzo de 1945, todavía en guerra. Honra a dos hombres de la misma familia: el teniente Théodore Meynadier, muerto el 7 de abril de 1915 en Les Éparges, en la Primera Guerra Mundial, y su hijo, el capitán Roger Meynadier, de la Resistencia en Cannes, muerto el 13 de octubre de 1944. Está a unos cuatrocientos metros de las boutiques de la Croisette, pero el oficio es otro: quesos, embutidos, panaderías y aceites, en una de las calles más antiguas de la ciudad. Calle peatonal de tiendas de alimentación, con más ambiente por la mañana y primera hora de la tarde.

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    El Marché Forville

    El edificio que ve, con revoco ocre, balcones de hierro forjado, pérgolas, la cornisa de tejas a la genovesa y palomares falsos, es de hormigón armado disfrazado de pueblo provenzal: lo ganó en concurso, en 1929, un arquitecto joven, Henri Bret, nacido en Draguignan y formado en París, y se inauguró en 1932, sustituyendo una primera sala de madera de 1884. Desde 2023 el mercado está en una reforma integral: el acero de 1932 estaba corroído hasta un 70 % en algunos puntos, y se han hundido 475 pilotes de hasta 20 metros para cumplir la normativa antisísmica; el tejado, de casi 2.900 metros cuadrados, será un jardín aromático abierto al público. Los pescadores volvieron a la nave el 31 de marzo de 2026. El ayuntamiento llama a este mercado el vientre de Cannes. Abierto de martes a domingo por la mañana (a diario del 15 de junio al 15 de septiembre). El edificio sigue en obras: según el día encontrará andamios, parte de la nave abierta o los puestos bajo la carpa de los Allées de la Liberté. Por la tarde, cerrado.

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    El Vieux Port

    Las barcas de madera pintadas y afiladas por ambos extremos que ve entre los yates son los pointus, una forma que viene de la Antigüedad; hoy también los hay de resina y eléctricos, pero el dibujo no ha cambiado. Sus dueños fundaron la asociación de los pointus de la bahía de Cannes para recordar que esta ciudad fue, antes que nada, un pueblo de pescadores. Y antes que eso, fue propiedad de una isla: en el año 960 los condes de Provenza confiaron la vieja fortaleza de esta colina a un señor local, Rodoard; hacia 1030 un hijo suyo, entrado en religión, cedió parte de estas tierras a la abadía de Lérins, donación que se considera el acta de nacimiento de Cannes. Hacia 1080 el abad Aldebert II fortificó la colina y levantó la torre que domina el puerto. El señorío monástico duró siete siglos y medio: en 1788 una comisión real cerró el monasterio por falta de monjes, la isla se vendió como bien nacional con la Revolución, en 1859 la compró el obispo de Fréjus y en 1869 se instalaron allí monjes cistercienses llegados de la abadía de Sénanque. Muelle de paso de pescadores por la mañana; el barco a las islas de Lérins sale de aquí, unos 15-20 minutos de trayecto.

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    La subida de la rue Saint-Antoine

    Suquet viene de una raíz ligur muy antigua, sukk, altura o cima, que pasó al provenzal en diminutivo: la cimita, la pequeña cumbre. La ciudad repite que aquí hubo un poblado ligur, pero según Wikipedia nunca se ha encontrado ningún resto arqueológico en esta colina; los hallazgos de la Edad del Hierro de los años setenta, cerámica del siglo quinto antes de Cristo, se localizaron en otra colina, la de Saint-Cassien. Lo que sí está documentado es la Cannes obrera del siglo veinte: un estudio de 2024 registra a albañiles italianos, como Pascal Broggi, censado aquí en 1906, viviendo en este barrio mientras levantaban los hoteles y villas de la ciudad elegante de abajo. Es un solo caso documentado, pero apunta a algo mayor: buena parte de la Cannes de la Croisette la construyeron, literalmente, manos de esta colina. Cuesta empedrada de unos noventa metros; calzado cómodo recomendable. Sin monumento señalado: la calle misma es la parada.

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    Notre-Dame-d'Espérance

    El contrato de esta iglesia es del 14 de noviembre de 1521: los de Cannes pidieron una copia de la de Roquebrune-sur-Argens, de dieciocho cannes de largo por seis de ancho -unos treinta y seis por doce metros-, en tres años, por dos mil florines, quince escudos y cincuenta barriles de anchoas. El plazo no se cumplió: se abrió al culto en 1632, se terminó en 1641, ciento veinte años después del contrato, y no se consagró hasta el 13 de noviembre de 1678, fecha de la que quedan doce cruces en los pilares. Es gótico tardío con un porche ya renacentista; en la puerta de roble, por dentro, hay una calavera esculpida que recuerda el Gólgota. El órgano, sobre la tribuna de entrada, lo construyeron entre 1853 y 1856 los hermanos Lingiardi de Pavía, rehecho varias veces desde entonces. En la capilla bautismal hay dos tallas de santa Ana con la Virgen y el Niño: una del siglo catorce, borgoñona, en roble macizo, y otra del quince, de madera policromada y mutilada. La iglesia sustituyó a otra más antigua, Notre-Dame-du-Puy, dentro del recinto de los monjes, hoy capilla de Santa Ana. Abierta por lo general de 9 a 12 y de 14 a 19 h. El domingo hay misa a media mañana (hacia las 11): si coincide, asómese en silencio o vuelva después. Se llega por la escalinata de la rue Panisse.

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    La torre del Suquet

    La torre, de unos veintidós metros, la empezó hacia 1080 el abad de Lérins Aldebert segundo; dentro suben ciento nueve escalones de caracol, parte del Museo de las Exploraciones del Mundo, con su propio horario y sus cierres -en 2026, cerrado del 14 de septiembre al 30 de octubre por obras-, así que no cuente con subir. Al mar: la isla grande, Sainte-Marguerite, con el Fuerte Real, donde el 30 de abril de 1687 llegó un preso al que la historia llama el Hombre de la Máscara de Hierro, detenido cerca de Calais en 1669 como Eustache Dauger; su identidad sigue discutida -ministro caído en desgracia, diplomático italiano, general deshonrado- y murió en la Bastilla en 1703. Detrás, oculta, Saint-Honorat: la fundó hacia el año 410 el monje Honorato. Hoy los monjes cultivan ocho hectáreas de viña -un tinto se llama Saint-Honorat- y elaboran allí, desde 1897, el licor Lérina, de cuarenta y cuatro plantas. Lo inventó la comunidad llegada de Sénanque en 1869; en 1969 los cinco últimos monjes de Sénanque se retiraron a Lérins con su propio licor, la Sénancole. La torre y el Museo de las Exploraciones del Mundo están cerrados por obras hasta el 30 de octubre de 2026, y puede haber vallado junto a la torre; el mirador del pretil, gratuito, ofrece la vista. Si está cercado, busque el primer hueco libre.

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    La mesa: Astoux et Brun

    Astoux et Brun, en el 27 del Cours Félix Faure, es una casa de pescados y mariscos fundada en 1953 y llevada por la misma familia desde hace más de tres generaciones; Gault&Millau la incluye en su selección y la describe como una brasería de marisco que sigue reuniendo a la gente. Planta baja animada, piso de arriba más tranquilo. En la carta, ostras, mariscadas, mejillones, lenguado a la mantequilla y sopa de pescado: la de los peces de roca que ha visto en el mercado, cocidos enteros y pasados por el colador, servida con pan tostado, ajo para frotarlo, la rouille —mayonesa de ajo, pimentón y azafrán— y queso rallado. Para acompañar, una copa de rosado de Provenza. Ningún restaurante del recorrido sirve confirmadamente por copas el vino o el licor de Lérins: el Lérina de Cannolive es para el brindis de esta noche. El barco a las islas sale del puerto viejo, a unos pasos, y tarda de quince a veinte minutos. Abre todos los días, a mediodía (desde las 12) y por la noche; confirme el horario del día y pregunte si aceptan reserva. Para llegar a la hora de comer, conviene empezar el paseo hacia las 10:30.

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